El arte culinario de Paco Torreblanca trasciende el deleite en los sabores y de la mano de este gran maestro pastelero se convierte en arte para la vista. Esculturas efímeras que nacen para morir en nuestra boca. El medio elegido para expresarse ha sido a través de la materia que mejor conoce: la textura del azúcar, el color del caramelo a trasluz, el relieve del azafrán o las formas que la nata adquiere en el plato. Para un artista como él el chocolate se convierte en la piedra más hermosa y con el cincel de su cuchara construye magníficas esculturas que apenas en unos minutos formarán parte de la materia de quienes tuvieron la fortuna de fundirse con ellas. Lo sublime por partida doble. Como si en un sueño pudiéramos saborear el torso de la Venus de Milo...


